Yo, que deslicé por la curva de tu
espalda,
que anduve a ciegas por tu melena
despeinada,
que me declaré en huelga de hambre
con tus labios.
Yo, que caí de tu mentón a tus
pies,
que te escalé –escabrosa- montaña
de filamentos de oro,
pulida superficie, no tuve donde
agarrarme.
Yo, que bailé en círculos perfectos
alrededor de tu ombligo,
que me hice lunar y me infiltré en
tu vientre,
que me escondí en la suavidad de tu
piel.
Yo, que te declaré la guerra cuando
te llamé
hogar de mis inviernos y primaveras
y piedra ardiente en mis veranos,
jamás te voy a vencer.
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